Por: Mallintzin Ollin

Cuando estás en un quirófano, como paciente, pierdes la noción del tiempo. Quizás no es lo mismo para los cirujanos, pero para mí lo fue, no sé si el tiempo se detuvo o, se difuminó.

Después de seleccionar la música con la que deseaba ambientar el espacio y empezar a contar regresivamente, 100,99,98… los párpados me pesaron y no me di cuenta en que número me quedé profundamente dormida. De pronto algo grave sucedió con mi cuerpo, lo sé porque antes de abrir los ojos, los doctores me daban masaje en piernas y brazos, hablaban entre ellos y me gritaban por mi nombre. ¡Ya está aquí! ¡Ya la tenemos! ¡Estás aquí, ya pasó! ¡No te muevas!, en ese preciso instante agradecí estar viva, también justo ahí, en medio del dolor más terrible que mi cuerpo había experimentado, vinieron a mi mente el rostro de mis tres hijos y el de mi esposo, el cual había estado en un pasillo cercano al quirófano donde yo me encontraba. Trece horas transcurrieron, los cirujanos dijeron que por estar conmigo, tres pacientes del hospital se quedaron en espera de ser operados. Esa fue la primera vez que morí.

Es posible que cada quien tenga una explicación lógica para mi muerte en el quirófano, tal vez crean que no fue real, estar anestesiada puede darnos varias perspectivas de lo acontecido, pero yo sé bien lo que ese mes de noviembre experimenté, mi vida no es la misma, yo no soy la misma después de despertarme con el alma nuevamente en el cuerpo.

Han pasado más de dos décadas, mi tercera operación tiene algo de magia, cosas que quizás sean imposibles de creer, porque cuando uno muere no lo pregona a cualquiera, porque no cualquiera sabe comprender.

Me encontraba en un paisaje hermoso, con montañas enormes, en un paraje verde, con árboles frondosos, todo estaba iluminado maravillosamente, yo flotaba sobre ese bello lugar como si fuera parte del mismo paisaje, ahí estaba, disfrutando de un bienestar increíble, sentía una calma perfecta, todo era armonía y bienestar, sin embargo, no estaba mi cuerpo, era como si fuera solo mi esencia, mi alma, mi yo desnuda de mi piel y mis huesos, sabía que era yo, porque estaba ahí, formando parte de ese todo, los colores de aquel lugar abrazaban mi ser, aunque no tuviera cuerpo, era una belleza única y lo confortable que se estaba en ese solitario lugar no tiene comparación con nada en este mundo, no he podido encontrar algo que se le parezca, ni siquiera que se asemeje un poco. De pronto algo me obligó a salir de ese maravilloso lugar, sentí como si fuera abducida por una energía que envolvía mi ser y me arrastraba a través de cavernas entre el espacio, pude ver alejarse cada vez más de prisa ese bello paraje al mismo tiempo que mi corazón sufría de una enorme tristeza por alejarme de ese lugar, entonces, atravesé un estrecho y muy largo túnel de luz, demasiado luminoso, lastimaba mi vista así que cerré los ojos muy fuerte, entonces pude sentir el golpe al entrar a mi propio cuerpo y el dolor más fuerte que haya experimentado en toda mi vida. así me volvieron a la vida, así creo también que llegamos por primera vez a este mundo, cuando salimos del vientre de nuestra madre, con ese dolor en el cuerpo al obligarnos a respirar con nuestros propios pulmones, al sentir el frío, al salir del vientre tan cálido, húmedo y amoroso en el que nos gestamos durante los nueve meses.

Pase un largo tiempo en cama, después de tres cirugías de columna es muy difícil recuperarse, era incapaz de realizar hasta mi propio aseo personal, no podía sostener ni medio vaso con agua para llevarlo a mi boca, tuve que enseñar a mis pies a volver a caminar poco a poco… pasaron más de dos años para poder salir de casa sin ayuda, mil cosas más tuve que volver a aprender e ir a muchas terapias de rehabilitación y sin embargo, con gusto volvería a pasar cada situación vivida, porque tengo el privilegio de haber conocido el lugar donde estoy segura regresaré algún día para quedarme por siempre a descansar eternamente.

#PORSINOLOVISTE