Por: Mallintzin Ollin

Cuando tienes cinco años de edad y no se tiene idea del significado de la muerte, tampoco te explicas el comportamiento de los adultos entorno de la noticia de un fallecimiento, mayormente cuando el que muere es un miembro muy cercano.

No sé con exactitud la fecha en que murió mi madre, pero sé que mi edad era demasiado corta como para entender las palabras con las que esa mañana me despertaron. ¡Levántense, vayan a ver a su mamá, que se murió!

Ese fue mi primer acercamiento con la muerte. Esa mañana permanece nítida en mi memoria, nos vemos somnolientos mis tres hermanos y yo, caminando a casa de la abuela, tomados de la mano. En medio de mucha gente, veo a mi madre acostada sobre un petate, cubierta con una sábana blanca, sé que era mi madre porque mi abuelo estaba hincado a la altura de sus pies, con camisa blanca y el típico sombrero Michoacano en la mano, me dijo, ven, híncate y dale un beso a los pies de tu madre para que no le tengas miedo. Levantó la sábana y vi los pies más blancos que recuerde haber visto en mi vida hasta el día de hoy. Di un beso en cada pie, estaban fríos, rígidos, entonces percibí por primera vez el olor de la muerte, en mis labios sigue viva esa sensación de mis besos sobre los pies blancos, casi transparentes y fríos como el mármol, pero sobretodo el aroma de la muerte. 

Con el correr de los años entendería que esa vivencia fue solo el inicio de muchas muertes más con las que tendría contacto, así como múltiples aprendizajes a lo largo de mi vida. También el hecho de perder a mi madre a tan temprana edad marcaría en mi persona diferencias muy especiales de como ver y disfrutar la vida, comparado con las personas que me rodean. Muchos tuvieron que pasar para entenderme con la muerte.

#PORSINOLOVISTE